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Luís Silva: ¿Diseñas un proyecto de cannabis medicinal? Empieza por el producto, no por los equipos

3 min de lectura

Retrato de Luís Silva en una instalación de producción

Si tuvieras que diseñar desde cero el sistema de gestión de cultivo de un proyecto nuevo de cannabis medicinal, ¿qué harías radicalmente distinto respecto a los proyectos en los que trabajabas hace unos 4 ó 5 años?

Lo que cambiaría de raíz sería el orden de las decisiones. Antes de elegir equipos o software, definiría qué producto vamos a entregar, con qué calidad, en qué volumen y a qué coste. A partir de esos requisitos diseñaría la operación completa y dimensionaría la instalación, el equipo humano y el sistema de gestión.

Esto obliga a pensar en el recorrido completo del producto. La programación del cultivo tiene que encajar con la capacidad de secado, las operaciones de poscosecha, los controles de calidad y los tiempos de limpieza y mantenimiento. Si una etapa no puede absorber la producción de la anterior, ampliar el cultivo puede aumentar los costes sin aumentar las ventas.

Lo mismo ocurre dentro de cada sala. Una decisión sobre iluminación influye en la respuesta de la planta, la carga térmica y la humedad que habrá que retirar. Su rentabilidad depende también de la climatización y del consumo energético que exige. Por eso evaluaría cada mejora por su impacto en la operación completa: cuánto producto cumple las especificaciones requeridas y cuál es su coste real de producción.

Antes de adjudicar equipos o sistemas, dejaría definidos los parámetros críticos, los límites de funcionamiento y las pruebas de aceptación. La puesta en marcha debe demostrar que los sistemas alcanzan las condiciones previstas y que el equipo sabe operarlos. La documentación, la formación y el mantenimiento forman parte de esa entrega. Tener la instalación terminada es solo una parte de estar preparado para producir.

Los datos que recogería responderían a decisiones concretas. El historial de cada lote debe relacionar las condiciones de cultivo y poscosecha, las intervenciones y los resultados de calidad. Los consumos y el comportamiento de los equipos permiten comprobar si la instalación trabaja como estaba previsto. Por ejemplo, detectar una pérdida progresiva de eficiencia en un equipo permite investigar la causa y programar una intervención antes de una avería. La utilidad de analizar esos datos está en poder actuar a tiempo y proteger la producción.

Esa información debe llegar a quien puede actuar. Definiría quién revisa cada indicador, quién responde a una alarma y quién autoriza un cambio. Los controles rutinarios pueden automatizarse dentro de límites establecidos; la interpretación agronómica y las decisiones de calidad requieren responsables cualificados y con capacidad de decisión. La gestión tiene que facilitar el trabajo diario del equipo.

En la inversión contemplaría desde el principio los costes de operación: energía, personal, análisis, consumibles, mantenimiento y licencias. También la tesorería necesaria durante el arranque y hasta el cobro de las ventas. Prepararía las futuras ampliaciones en el diseño, con una secuencia vinculada a la demanda y a la capacidad utilizada.

Así quedaría definido desde el proyecto cómo se conectan producción, calidad y costes. Un buen sistema de gestión debe permitir obtener un producto conforme a las especificaciones, conocer su coste real y repetir ese resultado de forma consistente.

Luis Silva

Consultor independiente especializado en operaciones, instalaciones y tecnología para cannabis medicinal. Colaborador de YD Pharmaceuticals en proyectos de retrofit y preparación operativa.

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