¿Crees que el principal reto al que se enfrenta hoy en día el cannabis medicinal tiene que ver con la percepción pública, la regulación o la falta de talento en el sector?
La regulación avanza cuando el sector goza de credibilidad. Los organismos reguladores no se despiertan un día y deciden que se han “ablandado” con respecto al cannabis, sino que responden ante empresas bien gestionadas, que cumplen la normativa y cuentan con una base clínica, capaces de demostrar la seguridad de los pacientes, los estándares de calidad, la farmacovigilancia y la gobernanza. Si los operadores no tienen un funcionamiento impecable, el debate sigue estancado en un tono de cautela. Si lo tienen, los organismos reguladores pueden comprometerse seriamente, ya que el perfil de riesgo pasa a ser manejable.
La percepción pública va de la mano del éxito operativo. En el Reino Unido, la percepción sigue estando muy condicionada por el estigma heredado y los titulares sensacionalistas. La forma más rápida de cambiar eso no es una campaña de marketing, sino una excelencia constante y, por qué no decirlo, aburrida: prescripciones seguras, resultados claros, un liderazgo clínico sólido, cadenas de suministro robustas y menos errores evitables. Cuando los pacientes tienen acceso fiable y reciben una buena atención, y cuando las empresas se comportan como auténticas organizaciones sanitarias, se genera confianza. La confianza mejora la percepción. Una mejor percepción reduce el riesgo político. Y el ciclo continúa.
Incluso el ámbito de la “regulación y la percepción” es, en última instancia, una cuestión de talento. Los grupos de presión, las asociaciones sectoriales y las asociaciones de pacientes no ganan gritando más fuerte, sino colocando a las personas adecuadas en la sala: personas que entiendan de políticas, que sepan hablar el idioma de los reguladores, que cuenten con las redes adecuadas y que sean capaces de forjar alianzas. Si se cuenta con operadores experimentados y defensores creíbles, se puede influir en el panorama regulatorio. Sin ellos, uno se limita a reaccionar ante él.
Por eso también se aplica esta regla general en toda Europa, aunque cada mercado se encuentre en una fase diferente. Alemania, el Reino Unido, los Países Bajos, Portugal… las estructuras reguladoras y los niveles de madurez varían, pero la fórmula tiende a ser la misma:
Buen talento → Buenas empresas → Buenos estándares del sector → Mejora de la Percepción → Mejores resultados normativos.
Si tuviera que resumirlo sin rodeos: el talento es el caballo que tira del carro. La normativa y la percepción pública son fundamentales, pero la forma más rápida de influir en ambas es mejorar la calidad de las personas que construyen y representan al sector.